“Escribí sobre Racing. Escribí sobre Racing”. Dentro del periodismo existe un ABC intachable en el cual entra como una premisa esencial el no escribir de forma autorreferencial en casi ningún tipo de género. Sin embargo, los cánones modernos de la profesión, en donde todos somos más papistas que El Papa, me hacen pensar que se está convirtiendo en una real bosta, así que voy a escribir sobre mí justificándome en eso y porque, además, me es necesario confesarme.

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Arranco de manera incisiva: me cambié de equipo. Y no a los 8 años como cualquier pibito impulsivo, fue a los 17. Entré al Cilindro y me perdí, qué se yo. Estaba sólo en una ciudad muy grande y a 480km de mi Paraná natal. Vinieron esos dos chamanes, me secuestraron y caí ahí, en un ignoto partido contra Banfield. El resto fue sólo algo que jamás podré plasmar en palabras, pero sí en hechos. La primera vez que pisé el templo fue en 2007 y estuve una semana entera vociferando la canción académica que va al ritmo de “Fondo Profundo” de Vilma Palma e Vampiros; la canté tanto que se me pegó. Casi dos meses después, me regalaron una camiseta y, por si hiciera falta, estos dos chamanes que mencioné anteriormente siguieron metiéndome en ese mundillo. Terminé como “Socio Adherente” de la institución por sólo $40 al mes y yendo a la cancha siempre que se podía, local o visitante. Vi campañas horribles que derivaron en la Promoción, lo vi renacer de la mano del Cholo Simeone, tropezar un poco (siempre es necesario) y tocar la gloria con Diego Cocca. A veces desde la cancha (sobre todo en el periodo 2007-2011) y otras desde la TV ante la imposibilidad de ir de visitante. Pero uno siempre vuelve. Siempre.

Un amigo paranaense, a quien conocí por haber visto un tatuaje en su brazo que dice sólo “1967”, me dijo una vez que Racing es como una gran familia. Esa misma noche, en un recital en Sunchales, ese amigo recién conocido me defendió a capa y espada ante dos personas por un pequeño altercado. Eso es La Academia, ¿me entiende? No pelearse con alguien, sino es defender al otro, sabiendo qué es lo que somos; o quizá mirando a la vereda de enfrente y sabiendo lo que no queremos ser, lo cual tampoco está mal. Lo viví con mi novia, a quien también secuestré y llevé al Cilindro. La envenenamos, la infectamos, ya está: es Académica de por vida. Estuvo, también, una semana cantando al ritmo de “Milito hay uno solo”. Y estoy seguro que no es el primer caso de amor a primera vista, porque también conozco muchas personas de otros equipos quienes nos quieren, nos dicen que somos especiales y, por suerte, estamos cambiando esa imagen de sufridos que nunca existió más que por amor a una camiseta la cual pisotearon muchas basuras por un tiempo prolongado. Y si sufrí y lloré por vos, fue por amor, no me pidas que deje de amarte.

Me presento, entonces, como alguien quien colaborará con esta página a modo intentar relatar alguna que otra historia, quizá ficticia, quizá real, sobre nuestra querida Academia Racing Club. No me pidan muchas sutilezas, me es es difícil plasmar en palabras escritas algo que no puedo explicar a viva voz, ¿a usted no le pasa? Por eso cuando me dicen “Escribí sobre Racing” los invito a que vengan y vean. Qué carajo sé yo qué es Racing.

 

Excelente texto, regalado por la pluma de Iván Andrasnik, gracias por la amistad que nos une desde aquellos días en ETER, dónde aprendimos éste bello arte del periodísmo….

http://www.academiadeemociones.com.ar/wp-content/uploads/2016/03/racing.gente-taringa.net_-500x330.jpghttp://www.academiadeemociones.com.ar/wp-content/uploads/2016/03/racing.gente-taringa.net_-500x330-300x300.jpgRicardo MaríngoloCultura AcadémicaDestacadosCilindro,Racing Club
“Escribí sobre Racing. Escribí sobre Racing”. Dentro del periodismo existe un ABC intachable en el cual entra como una premisa esencial el no escribir de forma autorreferencial en casi ningún tipo de género. Sin embargo, los cánones modernos de la profesión, en donde todos somos más papistas que...