Diego Huerta, Director General de Cultura Redonda (www.culturaredonda.com.ar), hizo un análisis pormenorizado y objetivo del paso por Diego Cocca por Racing. 

El entrenador dejó el club al finalizar la temporada con la clasificación a la Libertadores. Un balance de un año y medio con muchos vaivenes y que sin lugar a dudas quedará marcado a fuego en la memoria de los hinchas académicos.

Cocca

Cuando Diego Cocca anunció en la previa del encuentro ante Crucero del Norte que dejaría de ser el entrenador de Racing al finalizar este 2015 se sabía que el juego ante los misioneros iba a tener un condimento especial. Es que al pedido de los hinchas a Diego Milito para que continúe siendo futbolista del club se le sumaba la posible despedida del director técnico que condujo al equipo a un nuevo título tras 13 años.

Solo cuatro entrenadores lograron títulos en los últimos 50 años al frente de Racing. Juan José Pizzuti, Alfio Basile, Reinaldo Carlos Merlo y Cocca. Este dato objetivo ya ubica y condiciona cualquier análisis que se pueda hacer acerca de la gestión del DT, sin embargo, también es cierto que la opinión sobre el mismo no es unánime. Cariño y agradecimiento sí, devoción no (tanto). ¿A qué se debe esto?

Un comienzo convulsionado

¿Es tan importante el inicio de una relación? ¿Puede acaso condicionar el desarrollo posterior de una manera indeleble? Más allá de la respuesta posible a esas preguntas, sí se puede afirmar que el lazo entre Cocca y el grueso de los hinchas de Racing no fue de amor a primera vista. Por empezar, sus pergaminos como entrenador no arrojaban certezas a pesar de su gran trabajo en Defensa y Justicia que se coronó con el ascenso del Halcón a Primera División.

Tampoco tenía vinculo alguno en su pasado con la institución. A su favor le jugaba ser el director técnico elegido para suceder a los cinco (sumando a los interinos) que habían realizado la peor campaña (2013/2014) en lo numérico en la historia del club. No llegaba al equipo con una vara alta que mantener, más allá de la presión lógica de dirigir a un club grande.

El batifondo en torno a su figura comenzó antes del primer partido oficial, con la pretemporada recién iniciada y el Mundial de Brasil aún en marcha. La alarma la encendió Leonel Di Placido, defensor de All Boys, quien dijo públicamente que le habían ofrecido sumarse a Racing si aceptaba pasar a ser representado por Christian Bragarnik, el representante de Cocca. O sea, denunciaba un tráfico de influencias. El futbolista jamás se incorporó a la Academia, pero instaló un halo de sospecha que se acrecentaría al ver que muchos de los jugadores que llegaban al club o bien eran de la escudería de Bragarnik o tenían al empresario como intermediario o provenían de los mismos destinos (Godoy Cruz, Defensa y Justicia o hasta Xolos de Tijuana) donde el agente suele moverse con soltura. En un año político en Racing, con elecciones presidenciales en diciembre, estaban todas las condiciones dadas para que este fuera un foco de conflicto desde el vamos.

En el plano netamente deportivo, el equipo de Avellaneda renovaba un plantel que era muy pobre. Con las ventas de Bruno Zuculini, Rodrigo De Paul y Luciano Vietto -este último en los últimos días del cierre del libro de pases- la Academia conseguía capital fresco para construir casi desde cero. Sebastián Saja, Iván Pillud (regresaba de un préstamo), Francisco Cerro -que había llegado seis meses antes-, Luciano Aued y Gabriel Hauche eran casi los únicos sobrevivientes de experiencia.

La resonante incorporación de Diego Milito cambiaba un poco el aire y tras él comenzaba el goteo de futbolistas que terminaría configurando el equipo campeón del Torneo Transición 2014. El inicio fue auspicioso con triunfos ante Defensa y Justicia en el debut y ante San Lorenzo, flamante campeón de América, en la segunda jornada. Una goleada sufrida ante Tigre y una agónica victoria ante Arsenal dejaba el nada despreciable saldo de nueve puntos en cuatro jornadas. Llegaba el clásico y ese fue otro parte aguas en el período del DT.

«Prefiero salir campeón»…

Pocas veces una conferencia de prensa tuvo tanto rebote posterior y condicionó tanto a un protagonista. Más allá de acordar o no con el fondo del mensaje, el problema de que Cocca hubiera dicho horas antes del clásico en cancha de Independiente que prefería salir campeón a ganar el duelo ante el rival de toda la vida es que se condicionó. Por el contexto y por la historia que antecedía a este encuentro. Las últimas visitas de Racing a la cancha de Independiente habían sido derrotas y este mensaje en la previa generó malestar en el hincha. A su vez, el medio en general -incluyendo a los protagonistas y los periodistas- no se permite aceptar lo que Cocca dijo como una realidad, tal vez por falsa demagogia.

Racing salió a jugar aquel sábado con una presión añadida. Pero lo hizo con la intención de ser protagonista, así se puso rápidamente en ventaja vía Milito y podría haber ampliado. Unos minutos de desconcierto y varios fallos arbitrales que perjudicaron al equipo, marcaron la remontada roja. Por si fuera poco, el Príncipe salía lesionado y en su lugar entraba Gustavo Bou…otro capítulo en este viaje.

Better Call Bou

La de la Pantera es una de esas historias increíbles, donde la realidad supera a la ficción por varios cuerpos y gritándole «Ole». En ese marco de sospecha en el que se movió Cocca en esos primeros meses, la llegada de Bou fue quizás la más discutida a priori. En un comienzo no iba a ser refuerzo del equipo, Humberto Osorio, delantero colombiano que no tenía lugar en el Tijuana, había acordado su incorporación pero no pasó exitosamente la revisión médica. Ante la salida de Vietto hacía falta un delantero para completar el plantel (estaban además de Milito y Hauche, Facundo Castillón y Wason Rentería) y al cierre del libro de pases se firmó el vínculo con Bou.

El entrerriano, otro Bragarnik Boy, se recuperaba de una operación y sus últimos pergaminos en Gimnasia y Liga de Quito (cinco goles en un año entre ambos equipos) no despertaban confianza alguna. Solo un buen paso por Olimpo en la B Nacional (ocho anotaciones en 33 juegos) se registraba en su haber ya que en River, club del que surgió, jamás logró afirmarse. Fue el chivo expiatorio, aquel al que era más fácil pegarle, incluso antes de que saliera a la cancha. Hasta un dirigente del club calificó de «exceso» su fichaje. Por la Pantera, no apostaba (casi) nadie.

Cuánta confianza real tenía Cocca en el delantero cuando arribó, solo él y su cuerpo técnico pueden saberlo. Lo que es claro es que ni el propio entrenador podía imaginar que rápidamente tendría que convertirse en protagonista dadas las lesiones de sus compañeros. La derrota ante Independiente con Bou en cancha fue el disparador para poner en discusión al entrenador, y también al punta. La semana siguiente ante Lanús otra derrota comenzaba a poner un manto de duda sobre el futuro del proyecto del director técnico.

Los seis días mágicos de Bou, los que le dieron el electroshock al ciclo Cocca, los que marcaron el inicio del idilio entre el delantero y la gente, llegaron en el momento justo. Empate ante Newell’s, remontada en poco más de 30 minutos ante Boca y goleada ante Belgrano. Todo con cinco anotaciones del ex River. La vuelta de Milito -que coincidió con la suspensión de Hauche- para esa reanudación ante los Xeneizes fue vital: surgía una dupla.

Marcar un norte claro

La llegada de Milito no solo fue un plus enorme por jerarquía individual dentro del campo de juego, sino que fue un líder afuera. Cuentan desde adentro que post derrota con Lanús -juego que terminó en expulsiones y un clima de histeria general en el Cilindro- el Príncipe marcó que él había vuelto por la gloria y que el equipo debía reponerse a las adversidades. Sin embargo, pocos días después se dio la derrota ante Argentinos Juniors por Copa Argentina y ese fue el punto de no retorno.

Porque Cocca dio una conferencia de prensa post partido incendiaria. Sin la presencia de referentes como Milito o Saja, ese vestuario podría haber sido un polvorín (o una tienda de Suavestar) tras lo que dijo el entrenador, quien apuntó al compromiso y hasta dudó de si algunos estaban a la altura de lo que pedía la camiseta. Diego Villar fue separado del plantel y terminó el 2014 en Defensa y Justicia. José Luis Gómez no volvió a jugar, al igual que Rentería. Cerrar filas y encolumnarse detrás de los líderes, la respuesta del equipo en los triunfos ante Boca y Belgrano le dieron plafón a Cocca y su grupo de trabajo.

Los que no se roban los flashes

Si bien la prensa y el aficionado limita su análisis a la cabeza del grupo, hoy el trabajo de los cuerpos técnicos demanda cada vez más protagonismo del resto de los integrantes. El entrenador no solo gestiona a sus futbolistas, sino también a su cuerpo técnico, el cual cuenta con un mayor número de colaboradores que otrora. Uno de los grandes baluartes de Cocca es el estar muy bien rodeado.

El que probablemente tomó mayor visibilidad es Javier Bustos, el preparador físico del equipo. ¿Por qué destaca? Por estar actualizado y mantener una línea rupturista con los trabajos tradicionales de los profes en el fútbol local. Predominancia absoluta de labores con pelota, fin de ejercicios descontextualizados, y el sentido táctico que el cuerpo técnico le quiere dar al equipo presente en los ejercicios con una predominancia física. En la etapa de la pretemporada es donde estas diferencias se observan de manera más clara, pero también en las entradas en calor que Racing realizó antes de cada juego, bien distintas a las que hacía con otros preparadores físicos.

Si bien el primer ayudante de campo es Jorge Daniel Montesinos, Mauro Gerk -segundo técnico alterno- tiene una responsabilidad total en la planificación semanal. El exdelantero desde el comienzo del armado del equipo diseñó una jugada que luego Bou y Milito la llevaron a la práctica a la perfección: la falsa pared en una maniobra en parejas que resultó en varias acciones de peligro en 2 vs 2.

A su vez, Cocca introdujo a Racing nuevamente la figura del psicólogo deportivo (Gustavo Néstor Goñi) dentro del primer equipo, algo que solo se había dado en una ocasión con anterioridad: junto a Miguel Ángel Russo.

Un pequeño reajuste de piezas

Racing crecía tras aquel cimbronazo, pero aún no lograba esa estabilidad en el juego que alcanzaría en el rush final camino a la coronación. La apuesta por Marcos Acuña y Ricardo Centurión (quien corrió desde atrás al inicio del certamen) en las bandas aportaba creatividad pero también generaba fragilidad en la banda derecha. Tanto Gastón Díaz como Pillud necesitan del auxilio de un volante por delante de ellos en caso de actuar en el lateral defensivo por ese sector.

Con un Centurión en franco ascenso, capaz de desequilibrar con suma facilidad en el mano a mano, la lectura de Cocca fue la acertada: armó un tandem entre Pillud y Díaz, este último sería clave aportando pases-gol decisivos para el título. El ingreso de Yonathan Cabral por Nicolás Sánchez ya había dado algunas garantías más en defensa; Racing se hacía granítico y de aquel discurso que ponderaba el tomar riesgos en función de una apetencia ofensiva se pasaba a una praxis donde el cero en el arco propio se haría carne. De allí en adelante, el equipo terminaría de configurar su identidad y Cocca ya no debió volver a modificar la base, más allá de lesiones o suspensiones. Racing, que ya era positivo, sería el campeón del fútbol argentino.

Año nuevo, vida nueva

Luego de que la Academia se consagrara, el lugar de Cocca ya era diferente. La relación con el público era otra y las críticas virtualmente desaparecieron. A su vez, el clima político se había modificado tras la re-elección de Blanco. En un marco de tranquilidad, Racing encaraba el sueño de la Copa Libertadores y la defensa del título. A la complicada empresa se sumaban las salidas de Centurión y Hauche: el más desequilibrante del mediocampo y el jugador número 12 del equipo.

La dirigencia se mostró receptiva a los pedidos del DT y arribaron Washington Camacho y Brian Fernández, ambos desde Defensa y Justicia. Oscar Romero era la apuesta fuerte del club y Santiago Nagüel y Carlos Núñez completaban el combo de incorporaciones. Con algunas incógnitas y otros refuerzos con un techo bajo, el saldo parecía ser negativo de cara a tamaños objetivos.

Tras un verano que entregó victorias contundentes ante Boca e Independiente, el año empezaba con una derrota ante Rosario Central como local en un partido en el cual comenzaba a observarse algo: el 4-4-2 de Racing era más previsible sin Centurión y los rivales lograban neutralizar de manera más ágil la maniobra marca registrada entre Milito y Bou. Se necesitaban variantes, cambios para que nada cambie. Cocca y su grupo tendrían en el 2015 un año intenso desde lo estratégico-táctico.

La carga de partidos, las lesiones que aparecían (Videla, Milito, Aued, Grimi), suspensiones, bajos rendimientos. Una suma de factores que llevó a que durante el primer semestre el cuerpo técnico no se pudiera atar ni a un equipo base ni a un mismo sistema. Racing empezaba a ser arrollador como local en el torneo doméstico. En la Libertadores tras un arranque explosivo, sufría para asegurarse el primer puesto del grupo. Sin embargo, se observaba en pasajes de algunos juegos un volumen de fútbol más elevado. Bou seguía en alza y se convertiría en el goleador de la Copa Libertadores. Camacho, quien fue de más a menos, hizo olvidar a Centurión en sus primeros 40 días en el club. Fernández y Romero evidenciaban un potencial interesante. Eran los días felices, sostenidos por un equipo muy serio.

En cuanto a lo táctico, el entrenador modificaba partido tras partido, en muchos casos limitado por el número y la calidad de los jugadores disponibles. Del 4-4-2 base se pasó a un 4-2-3-1 en muchos encuentros del torneo local. También se probó un 3-4-1-2, que en Perú en el complemento de aquel partido ante Sporting Cristal fue decisivo como modificación del desarrollo del mismo. Aparecería más adelante un triple «5» en el medio con un enganche, o Cerro de falso volante derecho. Y antes de finalizar el primer semestre se optaría por un 4-3-3 en algunos pasajes.

¿Exceso de cautela en juegos decisivos?

Los muy buenos resultados elevaron la vara. No solo de la prensa, sino también de la gente que se acostumbró a un Racing ganador. Ya no bastaba con pelear, con ser protagonista, se exigía más. La Academia podía llegar a cuartos de la Libertadores, mantenerse cerca de la cima en el torneo local y avanzar en la Copa Argentina, pero los sueños eran muchos -quizás demasiados para la conformación real del plantel- y pese a los muy buenos resultados, se esperaba otra consagración.

Racing no pudo superar el umbral de los cuartos de final en el certamen continental en una serie en la que realmente no gozó de suerte. Jugó en inferioridad numérica en 100 de los 180 minutos de la llave ante Guaraní de Paraguay, la revelación de la copa. A pesar de eso, se posó la lupa sobre el planteo estratégico de Cocca. ¿Había sido demasiado renunciatario en Asunción? Más allá de la roja de Lollo, la molestia en algunos sectores pasaba por lo que había hecho el equipo antes de aquella expulsión. No sería la primera vez que se señalaría esto mismo.

En la caída ante Independiente en el torneo local (3-0, nuevamente en inferioridad numérica desde el primer tiempo) y en la derrota ante Rosario Central en semifinales de la Copa Argentina, la crítica acerca de los planteos iniciales de Cocca aparecería nuevamente. No ocurrió post triunfo en el Libertadores de América en la ida de la liguilla Pre-Libertadores. ¿Fue diferente lo que propuso el DT? Al contrario, contó con más precauciones incluso, solo que en este caso el resultado fue positivo.

En efecto, en aquel caso en Guaraní pareció que Racing cedió demasiado el protagonismo. Por supuesto, el atenuante de la expulsión es atendible, ya que a partir de allí todo se hizo más cuesta arriba. Las circunstancias en los otros duelos eran diferentes; la Academia en la segunda mitad del año se fue deshilachando y llegó al cierre del año con lo justo. Incluso, en aquel juego ante Central, faltaba Bou, elevado en el último trimestre competitivo a referencia excluyente del juego del equipo.

Nuevamente a mitad de año los refuerzos no dieron lo esperado. Si bien Mariano Pavone cumplió en un tramo muy puntual, lo de Ricardo Noir dejó demasiado que desear. Se lo buscó como volante externo cuando su puesto natural es segundo delantero o extremo en ataque. Cocca apostó de más por el ex Banfield al ser un pedido expreso de él, terminó jugando cada vez menos dado su pobre aporte.

Un cierre con un desafío enorme

El anuncio del adiós de Cocca se dio cuando parecía que Racing podía llegar a clasificarse a la Copa Libertadores sin tener que ir a disputar la durísima liguilla. Si bien ya estaba afuera de la Copa Argentina, existía la chance de que finalizarán Rosario Central y Boca en los dos primeros lugares y que así, la Academia se clasificará directamente. No ocurrió. Los Canallas terminaron en tercer lugar y así el repechaje estaba en el horizonte e Independiente como potencial adversario en una final.

¿Cómo lograr nuevamente un equipo focalizado cuando las vacaciones estaban a la vuelta de la esquina? ¿De dónde recuperar compromiso cuando jugar esa liguilla parecía un castigo para un equipo que fue protagonista todo el año? ¿Cómo encarar choques tan importantes a sabiendas de que el entrenador y varios jugadores no seguirían? Con sentido de pertenencia y orgullo. Racing se cohesionó de tal manera que logró cerrar filas y encarar los tres juegos que tenía por delante con muchísimas ambiciones de conseguir ese logro.

Un claro triunfo ante Estudiantes fue el prolegómeno de una llave mano a mano ante Independiente que era el epílogo del año futbolístico del equipo y del ciclo Cocca en general. Esa cuenta pendiente, esa espina que tenía encima, la cruz que cargó tras de sí. Racing disputó aquel primer juego como visitante totalmente focalizado. Prácticamente no cometió errores en defensa y en ataque se encomendó a San Bou. El entrerriano pagó las plegarias con un golazo inolvidable; en el zafarrancho posterior, Romero puso el 2-0.

En la vuelta, solo un milagro evitó que Independiente se llevara el ticket a la Libertadores. Racing jugó un muy mal partido en todas sus líneas, Saja evitó muchos goles en la primera parte y pese a terminar 11 vs 9, casi cae derrotado por dos goles. La providencia quiso que Víctor Cuesta no sentenciara el 3-1. Probablemente haya sido el peor encuentro del ciclo Cocca, y así y todo consiguió el objetivo de poner a la Academia en una Libertadores por segundo año consecutivo, única vez que el club lo logró por lo hecho estrictamente en el plano doméstico.

El futuro es suyo

Es imposible no pensar que más temprano o más tarde, Cocca volverá a Racing. A pesar de que no genere una devoción como la que generó Merlo (lógico, procesos diferentes) o Milito (el jugador con más capital simbólico en décadas en el club), dejará una estela su trabajo que se terminará de entender en el tiempo. Los fríos números, las estadísticas, incluso el título, están ahí, no se pueden discutir ni mensurar más de lo que tienen como valor intrínseco. Pero los elementos más subjetivos y etéreos son los que le dan un plus a la labor de Cocca y su cuerpo técnico. Con aciertos y errores, está claro, pero con una huella tras de sí.

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Diego Huerta, Director General de Cultura Redonda (www.culturaredonda.com.ar), hizo un análisis pormenorizado y objetivo del paso por Diego Cocca por Racing.  El entrenador dejó el club al finalizar la temporada con la clasificación a la Libertadores. Un balance de un año y medio con muchos vaivenes y que sin lugar...