El nenito va al colegio con el pecho inflado que dice “Dueño de su camiseta”. La celeste y blanca brilla en su corazón y se la banca con cualquiera que ose gastarlo. Él sabe que tiene las de ganar: durante un año se paseó como campeón por todos lados a los que fue, y en cada picadito que juega quiere imitar la potencia de Bou, la calidad de Milito, la inteligencia de Aued y los huevos de Videla. Y si lo mandan al arco va con orgullo: nada mejor que ser por unos minutos el gran Chino Saja.
nene
Le da un beso a su papá y sin decirlo, y tal vez sin pensarlo, le agradece cada minuto que están juntos haberle enseñado la pasión por esos hermosos colores. Tan cercano es el campeonato y la buena performance del último cuarto puesto que solo tiene como meta los dos partidos que se vienen contra la amargura, y desea que el padre lo lleve a la cancha cuando jueguen de local.

El padre lo mira, sonríe, y es como si se viera al espejo pero 27 años atrás. Va al colegio con el pecho inflado que dice Nashua. La celeste y blanca brilla en su corazón y se la banca con cualquiera que ose gastarlo. Las gastadas de los compañeros porque hace 22 años que no sale campeón aflojan un poco luego del gol de Catalán al Cruzeiro en Belo Horizonte que le otorgaría la Supercopa. Durante toda la década siguiente las cargadas seguirán tanto en primaria como secundaria pero el seguirá sacando pecho, bancando a jugadorazos como Rubén Paz, el Turco García, el Piojo López, el Mago Capria, Teté Quiroz o el Chelo Delgado.

Pero se queda contento en ese 1988. Juega a ser el Toti Iglesias o Colombatti y si lo mandan al arco nada mejor que ser por unos minutos el Pato Fillol. Parece no querer escapar. Su viejo tiene una bandera gigante en la espalda, canta desaforado y le cuenta que cuando tenía ocho años la Academia ganaba su segundo torneo consecutivo que al año siguiente se transformaría en el primero en lograr el Tricampeonato (Boyé, Méndez, Blanco, Simes y Sued).

No puede escapar. Su mente sigue en 1988 y también tiene ocho años. Como hoy su hijo, el nenito que lo mira y es feliz. Por eso vuelve con una sonrisa al 2015 en el que Academia de Emociones también cumple 8 años, como su hijo hoy, como él en 1988 y su viejo en 1950. Cada racinguista tendrá alguna historia que recordar al haber cumplido esa edad, una edad que en muchos casos habrá sido clave para forjar un amor que es para todo la vida.

SERGIO VISCIGLIA

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El nenito va al colegio con el pecho inflado que dice “Dueño de su camiseta”. La celeste y blanca brilla en su corazón y se la banca con cualquiera que ose gastarlo. Él sabe que tiene las de ganar: durante un año se paseó como campeón por todos lados...