“Estoy ahí, yo sé que no pero yo estoy ahí.
Si el tiempo de la radio me lo cuenta,
remonto en cada gol una cometa.
Yo sé que no pero yo estoy ahí”

Tan solo habían pasado 13 minutos desde que me había sentado en la cocina junto a mi viejo a escuchar como todos los domingos la radio Tonomac a todo volumen. Los clásicos eran fáciles de agarrar, sobre si todo si jugabas contra River o Boca. Pero si no la cosa se complicaba, especialmente un par de años atrás de aquel 1995. A pesar de ser un equipo grande, Racing deambulaba en unos de los tantos agujeros negros que visitó en los ’90 y tenías que conformarte escuchando a gallinas o bosteros, rezando que alguna vez en esas casi dos horas de transmisión una voz efusiva y sorprendente gritara “¡gol de Racing!”. Era así, algunas veces al Primer Grande nadie lo transmitía.

Tan sólo habían pasado 13 minutos decía. Boca puntero quería ser campeón y Macri quería ser presidente de ese club. Por suerte en la Radio Colonia ya se se había decidido a transmitir a Racing todos los partidos. Cuanta magia, cuanta energía y cuanta emoción le metían los relatores a partidos que si los veías en vivo pasaban sin pena ni gloria. Y entonces totalmente poseído imaginabas un jotajota Distéfano desbordando hasta la raya y tirando el centro (aunque el tipo capaz estaba trabando en mitad de cancha), un disparo de afuera del área de Matosas rozando el travesaño (probablemente la pelota se había ido a la calle) o una patada mortífera en las canillas del Karateka Vallejos (en este caso seguramente no había exageración). Alguna vez me transporté directo a los viejos bingos escolares y barriales cuando el relator gritó “Racing cantó bingo” luego de que el Turco García marcara el 5 a 2 frente a River en 1991.
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Tan solo habían pasado 13 minutos de esa tarde y El Diego lucía aquella franja amarilla en su pelo en repudio a las costumbres del por entonces entrenador de la selección Daniel Passarella. El Manteca Martínez era un goleador implacable y el Killy González asomaba como una gran promesa. Creo que ya disfrutábamos los relatos del Chango López (ícono del Racing radial y noventoso sin dudas), pero no sé si ya ponía sus característicos y ridículos apodos a los jugadores. Sin embargo en los años posteriores llegaron sobrenombres de la talla de “sifón” Úbeda, “meta y ponga” Vilallonga (aunque nunca hacía un puto gol) o “te tengo fe” Quiroz.

Tan solo habían pasado 13 minutos y de la Tonolec ya habían salido tres gritos de gol. ¡Sí, tres gritos de gol de Racing en 13 minutos y contra Boca en la Bombonera! El Mago Capria, el Chelo Delgado y el Piojo López me dejaron afónico y la Academia ya ganaba 3 a 0 de visitante. “A la mierda los bosteros”, recuerdo que dije. Después Castrilli expulsó a Zanetti y casi se vino el agua, pero el Mago estaba en la jornada perfecta de su carrera y con tres golazos lideró el 6 a 4 final. Las tardes de plaza buscando alguna señal, las noches frías escuchando derrotas contra Español o Talleres, los asados en familia tratando de pispear de lejos algún grito de gol, todos confluyeron en la cocina de casa en esa tarde. La cocina era el lugar madre del ritual, ese abrazo tácito y sincero a puro sentimiento entre mi viejo yo cada domingo. Gritando, abrazándonos, y casi siempre sufriendo. Así es Racing, así es (me niego a decir “era”) la radio. Cada uno de todos nosotros habrá tenido su propio ritual, y ojala todavía algunos lo tengan.

Feliz día de la radio para todo aquel hincha de Racing que alguna vez gritó un gol que vino a través de ese mágico e incondicional aparatito.

Sergio Visciglia

http://www.academiadeemociones.com.ar/wp-content/uploads/2015/08/DSC01163.jpghttp://www.academiadeemociones.com.ar/wp-content/uploads/2015/08/DSC01163-300x300.jpgRicardo MaríngoloCultura AcadémicaMago Capria,Racing Club,Teté Quiroz
“Estoy ahí, yo sé que no pero yo estoy ahí. Si el tiempo de la radio me lo cuenta, remonto en cada gol una cometa. Yo sé que no pero yo estoy ahí” Tan solo habían pasado 13 minutos desde que me había sentado en la cocina junto a mi...